Yago recorre América en su Honda 100: “Yo simplemente viajo, cuanto más lento mejor”

(foto Punto y Aparte)

(foto Punto y Aparte)

Por Dino Cappelli Yago por América es el nombre que adoptó para su difusión en internet. Yago es el nombre por el cual le conocen los motoqueros de toda América Latina, y de los 18 países que visitó en su moto. La misma moto que lo acercó a Sarandí Grande como el primer destino a visitar dentro del Uruguay

Pero su nombre es otro. Ricardo Damián Lorenz nació en Córdoba (Argentina), tiene menos de 30 años de edad y tres de estos en continua recorrida por los caminos y rutas del continente. En nuestra ciudad se hospedó en el domicilio de Fulgencio, “un amigo”, como él lo cataloga.

Allí, entre mates y descansos de sus periplos, habló con PUNTO Y APARTE. “El motivo de esta visita es parte de este gran viaje por Latinoamérica que ya lleva tres años y dos meses, yo embarqué una aventura que no imaginaba. Era una vacación de dos meses pero el viaje continuó y ya son 18 los países recorridos a bordo de mi pequeña moto, una Honda 100. Es parte de la aventura, dar el ejemplo y demostrar que no hace falta una gran moto ni grandes recursos más que la voluntad de viajar. Yo en el fondo soñaba con hacer este viaje pero tenía miedos y dudas, por ejemplo como me iba a arreglar con el dinero y el hecho de estar sólo. Eran muchos los temas, yo había viajado por Argentina y siempre programado. Cuando estaba a punto de quedarme sin dinero, dije ‘es acá o nunca más’ y ahí seguí. Comenzó el viaje de verdad, cuando empecé a trabajar y hacer cosas para poder girar”.

Una forma de vida Esa forma de vida conlleva obtener recursos. Cuenta sus aventuras, pero también cuenta sus realizaciones. “Yo hago artesanías que aprendí en los viajes, además trabajo en lo que sea. He sido mesero en restaurantes, he repartido perfumes, he ayudado en talleres, he sido jardinero. Lo que salga, es poco con lo que se arregla pues no pago impuestos ni rentas, no tengo mayores gastos y la plata es para combustible y comer”.

Yago muestra orgulloso su moto, pequeña pero eficaz. Dijo que ha tenido más motos y con ellas viajado, “pero el alma del viaje es esta moto, que despacito y sin quejarse me lleva para adelante”. No ha roto nunca, apenas pinchazos. Y confiesa, “mientras más lento más lindo porque se disfruta más”.

En su cuenta de Facebook luce miles de fotos de los lugares que ha visitado, allí donde los latinoamericanos le han bien recibido. Uruguay, Brasil, Argentina, son apenas tres de los países que ha recorrido. En total ya suman 18. Son muchas culturas, costumbres, tradiciones, sabores y lugares. “Mi locura va más allá y por eso planeo visitar Europa y otros continentes. Latinoamérica lo siento como mi casa y no hay diferencias. Si bien hay distintas comidas y geografías, el latino es increíble y te hace sentir como en su casa ya sea Uruguay, Perú o Colombia. He probado algún insecto, cosas raras que comen, los mercados muy coloridos. Es todo muy lindo”.

 

Amigos del camino

 

A cada territorio que llega, tiene amigos. En cada país que visita, un hogar se abre de par en par para recibirlo. Encuentra la comodidad de un dormitorio, el refugio de un taller, un plato servido. “La internet es increíble” dice este cordobés que no ha perdido su acento. “Los moteros y grupos, los amigos del camino, lo van contactando y llega un momento que tan simplemente con avisar donde va le invitan de un lado y otro. Eso soluciona gran parte del viaje, tener un techo y un plato de comida es la mitad del viaje de uno. Y conocer gente que es lo más lindo”.

Hace más de tres años se despidió de su familia, prometiendo volver en un mes. Pero no ha vuelto. Dice que le apoyan en la aventura, que le siguen por internet y que le envidian tanto conocimiento obtenido en estos miles y miles de kilómetros. “El viajero se convierte en esa envidia sana de que bueno que pueda conocer el hombre, y por eso pienso en continuar. No me gusta titular una aventura, yo simplemente viajo y ni rumbo tengo. No tengo rumbo fijo, no me gusta planear. Pero siempre digo que cuando llegue a un puerto y un barco necesite alguien para trabajar, me trepo. Me gustaría ir a la India, África, Asia”.

Yago sueña despierto y lo cuenta, y sabedores de su tenacidad, seguramente en un tiempo tendremos muchas anécdotas de otras latitudes. Mientras tanto, despunta otro mate con Fulgencio, reposa el guerrero y dice que Sarandí Grande le gustó mucho.

Después de su tiempo con este semanario, otro tiempo dedicado a ayudar. “Me conecto y ayudo a los gurises que les gusta viajar con datos sobre los caminos, los cruces fronterizos, los seguros de las motos. En mi perfil subo fotos, es algo público para que la gente acceda a ver las fotos y las reflexiones del camino”.

Y luego, a encender la moto y recorrer la Costa de Oro, Punta del Este y las playas de Rocha.

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