La historia en Florida se imprime en casa

(Foto Florida24)

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Por Alberto Javier Mazza F24 “Fotocopiame la cultural, animal!”. Eso es lo que se me ocurre en una mezcla de estar frente a un hecho que puede considerarse desde emocionante, estoico, folclórico, hasta vergonzante

La noche del lunes 24 de junio intenté llegar antes que la mayoría a las instalaciones de la Sociedad Española de Florida porque me interesaba llevar al menos un testimonio para reproducir poco después en el programa de televisión. Era la presentación de la obra póstuma de Fernando González, “El Mago”, para quienes lo conocimos más íntimamente.

Cuando los afectos se mezclan con la racionalidad difícilmente se pueda ser objetivo, los compromisos quedan a un lado logrando hacernos unos minutos para ser testigos de hechos como éste, y en ese momento sentimos pleno gozo de compartir un espacio con gente que evidentemente está en la misma sintonía.

Entre saludos y abrazos, me encontré con la familia de Fernando, con quien había dialogado brevemente días atrás, momento en que una frase dicha por su hermana había quedado resonando en mi cabeza: “los fascículos quedaron bastante bien, el diseño ya estaba y los imprimí…”, “los imprimí”, repicaba dentro de mí. Pero mis tiempos no estaban en el mismo ritmo que el de mis interlocutoras y partí, con esa idea dándome vueltas, partí.

La noche del lunes 24 de junio, tres años después que se nos fuera nuestro “Mago”, sobre cuatro mesas de plástico de color blanco estaban los fascículos referidos a los hechos de Mayo de 1810 en Buenos Aires y sus repercusiones.

Sencillamente presentados, casi en una forma simple, tal como hacía El Mago que entendiéramos los sucesos de nuestra historia.

Allí surgió el diálogo nuevamente: “no fue fácil, pero Marión (hermana de Fernando) imprimió uno por uno los fascículos, algunas tapas no quedaron con el mismo color, un rojo no es igual al otro, pero se respetaron los colores que Fernando quería para cada fascículo”.

Sí, los fascículos pasaron por la “imprenta de una casa de familia”, y para ello se contó con el aporte de amigos y la propia familia del Mtro. Fernando González. Así se logró comprar una impresora de uso doméstico pero con buena resolución, “imprime bastante bien”, me dijeron, además “las tapas se hicieron con papel fotográfico”.

¿Y no lograron apoyo oficial?, pregunté.

La respuesta fue más corta que el proceso que llevó imprimir hoja por hoja en la casa de la mamá de Fernando, aunque pasaron casi tres años para conocer que la burocracia del IMPO, del Ministerio de Educación y Cultura y la Comisión del Bicentenario no han logrado hacer que ingrese a una imprenta formal y sea declarado de Interés Nacional, tal como parece que es la intención de algunos.

Esto que parece ser una mera anécdota, y sin ingresar a discutir el contenido de la obra del Mtro. Fernando González puesto que tengo los límites de mi propia ignorancia, me provoca hasta hoy sentimientos encontrados.

Me conmovió ver a la familia y sus amigos más cercanos felices de presentar estos fascículos, impresos en la casa de la mamá de Fernando, por su hermana, con el respaldo de un puñado de amigos, y por otro lado me niego a seguir soportando la ignorancia cual desprecio que se expresa en los hechos consumados al día de hoy, cuando no existe un maldito trámite medianamente bien concebido que apoye la tarea intelectual que traducida en un aporte a la cultura se presente como es debido, máxime si se es del interior del país.

Con dignidad fue puesto a consideración pública la noche del 24 de junio de 2013 el aporte a la discusión intelectual, tres años después de la muerte de Fernando.

Solamente espero que las autoridades, todas, si es que se enteran de lo sucedido, estén a la altura de las circunstancias.

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